Una noche de lluvia, donde la tormenta parecía no acabar nunca y el desesperante ruido de las vías del tren no dejaba descansar, a causa de los viajeros que volvían a sus casas después de un intenso día en el trabajo, yo seguía pensando en lo insignificante que se me hacia el mundo, y que cada vez más la persona a la que más quería desaparecía en mi mente…Miré a la ventana y pude ver como la luna borrosa por la lluvia, se reflejaba en el mar encharcado, desde donde entonces pude haber recordado las últimas letras de su nombre. Cuando las cosas parecían encajar en su sitio, algo pequeño e insignificante, me aturdía la cabeza hasta no poder dormir. Salí a la calle, esperando encontrar alguna respuesta o algo de sentido a la vida. Anduve, por el andén hasta llegar al espigón de la playa, y me senté en la última roca, donde el agua salpicaba hasta mis pies y la noté como se introducía por mis zapatos. Miré la luna; la luna llena. Desde aquí se veía más clara. Pude comprobar que la tormenta no paraba y apretaba cada vez más, pero dejaba que las gotas de lluvia fresca, se deslizaran sobre mi cuerpo, mientras yo, observaba la luna, que parecía que la cara de él, se reflejaba en ella.
Pasaron horas y pude recordar una y otra vez los momentos más felices de mi vida, mis pensamientos y en él.
Dicen que recordar es bueno, pero hay cosas, que sin recordar se te quedan en la mente para siempre.
No sabría describir mis sentimientos, ya, que el enfado y la tristeza, son compatibles entre si. Todo ha sido una mala experiencia, que se pasará con el tiempo, solía decir mi abuela. Pero yo, no le podía llamar mala experiencia, no creo que en eso. La vida es injusta y no es fácil de llevar.
Al día siguiente, donde el tiempo había parado de llover y hacía un sol radiante en pleno invierno, yo me encontraba en el lugar menos esperado. Mi corazón latía tan fuerte, que parecía oírse un murmullo. El dolor, la tristeza, la rabia, el enfado, se me acumulaban, y no sabía si hacía lo correcto.
Las miradas, las lágrimas, las caras de dolor, parecían nacer de allí dentro. Me quedé hasta el final y esperé que la gente marchara. No pude contenerme y lloré hasta no poder más. Yo llevaba una rosa roja, que pensé que haría más alegre aquel lugar. La dejé apartada de todas, no quería hacer mal a nadie, ya que lo había hecho tiempo atrás. Podría quedarme allí horas, mirando el vacío. Mis ojos parpadeaban cada mucho rato. No me encontraba bien así que me fui, a un lugar donde nadie pudiese encontrarme.
Cada cosa que tu pupila puede ver, tiene sentido y lógica, pero lo mío, yo creo que no.
Anduve, sin rumbo, sin sentimientos, sin apetito. Ahora, ya no creía en nada. Todo me parecía inútil. Empezó a llover como el día anterior, pero no dejé que la lluvia interrumpiese mi camino. Notaba el agua fría sobre mi cuerpo, y como las gotas, calaban hasta la ropa interior. Subí, montaña arriba, atravesando todo tipo de bichos y plantas, hasta llegar al último sitio, donde pensé que no llegaría a hacerlo, tras la muerte de mi abuelo, tiempo atrás. Mi abuelo decía que era el sitio, donde todo te inspiraba, y dejabas de pensar en las cosas malas del pasado. Antes de morir, él, construyó, con trozos de madera enmohecidos, un asiento, donde se contemplaba el cielo, que en este caso, estaba cubierto por las nubes grises y esponjosas. Pude observar el horizonte, donde se contemplaba la lluvia y las montañas a lo lejos. Me sentía especialmente mal. Era como si el mundo me comiera o se me viniera encima. Parecía que el tiempo se detenía frente a mis pies.
Volví a casa, aunque me hubiera quedado allí para siempre y no volver. Ojala se detuviera el tiempo, y pudieses empezar de cero.
Llegué; mis padres estaban preocupados por mi.
Les hice pensar, que se me había pasado la hora. Me dirigí a mi habitación, me tumbé y miré ami alrededor.
Todo me recordaba a él. Mis cuadros, dibujos, objetos, peluches, ropa…y sobretodo, las fotografías.
Llorar no serviría de nada, pero en esos momentos, mi mente no pensaba en otra cosa. Me quedé dormida. Al día siguiente, me levanté. Pensé que era pronto, ya que no se oían ruidos en casa. Miré el reloj, era la 1! Me dirigí ala cocina y observé una nota en lo alto de la nevera. Mis padres; que no volverían hasta la noche, motivos de trabajo. Pensé, que hoy sería otro día, pero volvieron los remordimientos. No tenía ganas de comer, así que decidí dar un paseo, por la orilla de la playa. Hacía un sol radiante, pegajoso, caliente…daban ganas de tirarse al mal, que parecía estar tranquila y limpia.
Al rato, parecía encontrarme mejor, ya que pude pensar en una cosa que tenía que haber hecho desde el principio, pero que aún estaba a tiempo.
Me dirigí a aquel sitio, donde las penas, aún seguían allí. Aquella casa, donde pasé tanto tiempo junto a él. Me recibió esa mujer, con pelo ya gris y canoso, que parecía estar siempre alegre, pero que en aquellos momentos no podía dirigirme una sonrisa. Entré a dentro, las caras no eran de esperar. Miradas tristes, incapaces de sonreír, con ojos que acababan de llorar. Se notaba en sus miradas, que habían sueños que no acabaron por cumplirse, y ya no podrían hacerlo más. Supe que sólo podía hablar con aquella persona que no me recibiría con los brazos abiertos, pero si que sabía donde la podía encontrar.
Le toqué a la puerta. Sabía que no iba a abrir, así que, la abrí yo. Pude ver que aquella habitación seguía igual, que la última vez que yo estuve. Posters heavys, videojuegos de la play, una tele con solamente una antena, una cama que nunca se llegará a hacer, un estudio con ordenador viejo y un radiocasset donde siempre, se escuchaba la misma canción. Él, estaba tumbado en la cama y mirando al techo. Me acerqué y me senté en una silla, donde estaba la ropa sucia. Le miré atentamente, hasta que él, me devolvió la mirada. Cuando las dos se cruzaron, pude comprobar , que a pesar de que él, vivía en un mundo aparte, también tubo ese dolor intenso por el cual había pasado toda la familia , e incluso amigos.
Sin palabras, le miré, como la que quiere una respuesta, pero él, me negó con la cabeza.
Esta vez, si que me derrumbé.
Me levanté y me dirigí hacia la puerta, con los ojos apunto de llorar. Cuando toqué el pomo de la puerta, pude oír esa voz, que esperaba que me dijera algo. Me detuve y él se dirigió hacia mí, dándome un sobre, manchado por algunas lágrimas. No tuve palabras para expresar lo que sentía y le abracé tan fuerte como pude, dándole las gracias. Me fui de aquella casa, que tantos recuerdos me había dejado atrás y me dirigí a mi casa; a mi habitación. Allí, decidí leerla, esperando algo, que no sabría explicar, pero que tanto me había aturdido.
• Para la persona más especial en esta vida y que tanto he querido:
No se, como expresar todo esto. No estoy seguro de lo que voy a hacer. No se, si me atreveré a hacerlo, pero si esta carta, te ha llegado a ti, es que si que he podido. Supongo que esperarás la respuesta de porqué me suicidé, pero sinceramente no lo sé ni yo. Pienso que es por lo mucho que te quiero. No sabes lo feliz que me has hecho en poco tiempo. Que con tu sonrisa, me sentía el chico más afortunado del mundo. Sin dirigirme una palabra, y cuando nuestras miradas se cruzaban, sabía que tu y yo, estabamos hechos el uno para el otro. Me encantas y nunca he querido a una persona, como te he querido a ti. Si me he suicidado, ha sido, porque tenía miedo de perderte, de que te pasara algo. He querido tenerte tan cerca siempre, que tenía miedo de hacerte daño. Te quiero tanto, que no sé como expresar lo que siento. Me hubiera gustado despedirme de ti, pero entonces ahora seguiría contigo, y no hubiera pasado esto. Quiero que sepas, que desde aquí, te voy a observar siempre y te voy a seguir queriendo igual. Dile a mis padres, que les quiero un montón y ami hermano que siga así, tal y como es. Y a ti, decirte que te quiero, que te amo y que no me olvides nunca. Que dos años junto a ti, no se van a olvidar y espero que no me odies por y esto y me sigas queriendo.
Porque me acuerdo de el primer día que te conocí, me acuerdo de aquellas primeras sensaciones que queríamos experimentar los dos, por primera vez, y lo mucho que me costó decirte que me gustabas, y que una vez estuvimos juntos te dije: ‘tienes a la persona que más quiero en frente de ti, la miras a los ojos, oyes como te pregunta algo y tu, te quedas sin habla. Finges estar pesando, cuando en realidad te bloqueas, le das vueltas al asunto y al final, no dijiste nada’.
Esa frase la recordaré para el resto de mi vida.
P.D.: Todos los días que puedas acércate a verme a mi tumba, no es muy romántico, pero me gustaría notarte, y saber que te acuerdas de mi.
*El primer beso que nos dimos. TE QUIERO, MÁS QUE A MI VIDA, Y POR ESO LO HICE.
• La persona que más te quiere.
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