jueves, 16 de septiembre de 2010

Ella


Era su primera y última vez. Confiaba en que todo iba a salir bien, que seguiría por mucho tiempo igual. Era un sentimiento que nunca había tenido y que por fin conocía. Lo esperaba con ganas. Sucedió. Conoció el amor o lo que aparentemente era tal sensación de amor. Le gustaba, lo compartía con el mundo. En definitiva, era feliz. Tenía todo lo que quería y más. Vivía al máximo, disfrutaba de las cosas más pequeñas e insignificantes junto a él. Estaba en otra dimensión y gozaba del sexo cuanto podía.
Dos años después todo cambió. El simple hecho de vivir le agobiaba, no le gustaba, no podía ni respirar, ni dar un paseo, todo se reducía a su habitación, con sus cuatro paredes y su cama. Esa cama que le hacía refugiarse del mundo y evadirse en ella misma. Lo que hacía apenas unos meses que tenía ya no estaba con ella. Echaba de menos su anterior vida. No le gustaba lo que tenía, lo odiaba, lloraba…Quería volver a esos días pasados pero ya era imposible. Era como cuando pretendes estar en dos lugares distintos a la misma vez.
Lo intentó una, dos, incluso tres veces. No lo consiguió. Ahora todo eran fracasos y lamentos. Los días pasaban, con ellos los meses y todo continuaba mal. Aquella cama en la que creía que estaría mejor le traicionó. Su físico empezó a cambiar también, se desmejoró muchísimo hasta llegar a tal punto de no reconocerse. Al mirarse y verse en el espejo sentía rabia, dolor, sensación de no ser ya nada ni nadie. Su vida laboral dejó de existir. Dejó sus sueños de tener una licenciatura, de aprender…Nada de eso le importaba ya.
Entre semana no tenía vida social, únicamente dormir y dormir. Los fines de semana eran ya otra cosa. Salía con sus amigos y con su mejor amigo, el pequeño Jack Daniels. Noches y noches de no saber qué ocurría a su alrededor, de no saber qué hacía con su cuerpo ni con quién se acostaba. Su amigo Jack le llevó a hacer grandes locuras, juntos estaban cuando ella quedaba con completos desconocidos y se los follaba. El sexo por el sexo, sin disfrutar de él pero haciéndolo compulsivamente. Y con tales personajes, todos ellos sin corazón alguno.
Por suerte se dio cuenta de que no iba por buen camino y rectificó. Dejó de lado los picaderos y las sábanas entre los coches. Sin darse cuenta se estaba convirtiendo en una alcohólica. El apoyo psicológico que tenía en aquel momento se lo confesó. Ella no creía lo mismo aunque se estaba matando tanto física como psíquicamente. ¿Y todo esto por qué? Porque él ya no estaba junto a ella, porque no tenía sus besos, sus abrazos, sus caricias, sus sonrisas, y todo aquello que se tiene cuando estás perdidamente enamorado de alguien. Ella sabía que todo fue por su culpa, que cometió el error más grande de su vida pero pensaba en el perdón de la otra persona porque todos somos humanos que cometemos errores y por tanto, no somos perfectos. Nos caemos pero nos volvemos a levantar. Ella se cayó y no supo levantarse. No tuvo oportunidad. Dos años después intenta salir del pozo al cual cayó por beber agua que no debía. Parece que de momento no lo ha conseguido pero tiene muchas ganas en volver a ser quién era, sin depender de nadie. Ha perdido total esperanza en el amor, no cree volver a enamorarse de otra persona que no sea él. Ahora, se refugia en la amistad, en la buena amistad y no con malas compañías como Jack.
Su corazón es como un puzzle sin montar y que cuándo vas a montarlo falta una pieza. Nunca podrá montar su puzzle. Su pequeño y dulce puzzle.


martes, 14 de septiembre de 2010

Estoy sentado en el banco
de un enorme jardín olvidado,
estoy sentado y maravillado
de la oscuridad y su manto.

Hace tiempo que el tiempo
no pasa, se olvida…
se malgasta… que el cielo
no me enseña una flor florida.

El jardín de las tristes
alegrías está repleto de
árboles, inmóviles, inertes;
que no se mueven ante mi
melancolía.

El jardín de las tristes
alegrías… está desierto…
de bellas flores
 pero repleto…
de bellezas desconocidas.

Estoy sentado en este desierto jardín,
esperando a la bella flor que venga hasta mí.

Sigo sentado en mi banco,
aguardando el feliz momento
en que una flor con su blanco
ilumine mi vida y borre mi lamento.

Un murmullo… a voces secretos,
de sauces, abetos y pinos,
de sucias artimañas repletos,
contra el aire y su tacto de lino.

 Un rugido… el desafiante viento
arremete contra los árboles…
Se adentra más… ¡qué frío siento!
Envuelve mi corazón… ¡malditos amores!

Enfrente el banco, hay un camino,
por dónde deslizan flores su olor…
Enfrente el banco pasa mi destino,
placeres que no alcanzo… ¡oh, qué dolor!

Un momento… una flor ha pasado
dejando un rastro de sensualidad…
Sólo un momento… mi alma ha iluminado
pero se va con e
 el ocaso, se va
con la luz, para no volver más…
Y así… vuelvo a estar sentado
en el oscuro parque de mi soledad.